Radio Dubén Stereo.

sábado, 6 de abril de 2019

¿El EGO es malo?


De acuerdo con Freud, el ego es un aspecto importante de la humanidad. Con los años el ego se ha equiparado al propio sentido de uno mismo y más a menudo se relaciona con la propia importancia que nos damos en el esquema de la vida. Muy a menudo se asumía que la forma de construir y mejorar la autoestima era construyendo nuestra propia importancia. Cuanto más importante seas, mayor será tu ego y a su vez mayor será tu valor propio.
De hecho, para muchos de los que quieren saber cómo construir y mejorar la autoestima éste sigue siendo el modelo que muchos utilizan. Egocentrismo significa que todo gira en torno de la propia persona. Ego centrismo, girar en torno de la propia persona. Digamos que la persona considera a los demás como satélites, y él es el planeta. Egoísmo es aquel que se quiere, y eso está bien, porque no podemos pretender el afecto del otro si no sentimos afecto por nosotros mismos. No podemos lograr el amor del otro si no sentimos amor por nosotros mismos. Eso está bien y a eso se le llama autoestima.
El problema con la importancia personal es que uno generalmente se vuelve adicto a la importancia, así como si se tratase de una droga. Muchas veces esta adicción implica la necesidad de demostrar continuamente la importancia de uno mismo en relación con los demás. En casos extremos, los egos fuertes son los que inician guerras y manipulan a los demás para su propio beneficio. Los egos fuertes son los que más a menudo, se jactan de ser más grandes, inteligentes o superiores a otras personas.
La persona egocéntrica siempre habla de sí mismo, de sus cualidades y desprecia las de los demás, en definitiva se sobrevalora. Normalmente, al dirigir toda su atención sobre sí mismo, el egocéntrico desconoce los intereses de los demás y por ello es incapaz de sentir ni tan siquiera un mínimo de empatía.
Las personas afectadas por este mal denominado egocentrismo tienden a recurrir a descalificaciones sin ninguna base, sin pensar siquiera en consecuencias y sobre todo perdiendo las formas.
No debemos sin embargo creer de forma indiscriminada que todo egocéntrico es mala persona, ni mucho menos. En el fondo sufren por su condición de egocéntricos, sufren cuando dejan de ser el centro de atención porque realmente su problema es su inseguridad, que les lleva a necesitar de la constante atención y preocupación hacia ellos de todo su entorno, no sólo del más cercano.
Las personas con grandes egos suelen ser muy posesivas y celosas de los demás. Son igualmente incapaces de sentir amor incondicional. Por lo tanto, tiene sentido pensar que una persona con un ego bajo tenga un alto nivel de autoestima.
En realidad, un ego bajo es sólo un requisito previo para un alto nivel de autoestima. El problema es que los que tienen un ego bajo generalmente se sienten inferiores y mal consigo mismos. De hecho, a menudo estas personas no se gustan a sí mismas.
Sin embargo, hoy en día mucha gente habla del ego como si fuera algo sin lo que sería mejor vivir.
Hace algunos años escuché a alguien hablar del ego como si fuera nuestro fiel compañero – una mascota leal como un perro para ser amado y disfrutado. No vas a patear al perro si se echó en tu cama pero tampoco vas a dejar que el perro duerma ahí. En pocas palabras, el ego tiene su propio lugar.
Recuerda la clave para amistades y relaciones duraderas y sólidas consiste principalmente en darte cuenta de que “yo”, “yo”, “yo” son palabras muy cortas en comparación con “nosotros”, “nosotros” y “nosotros.
Nuestro ego es responsable de nuestro deseo de atención. No hay que confundirse entre el ego y el amor propio. El ego es sólo una ilusión, pero la autoestima es esencial. Hay una línea fina entre la autoestima y el ego que no debe cruzarse. Es difícil, pero no imposible. La única manera en que podremos tener bajo control nuestro ego es dándonos cuenta de que hay muchas personas por encima de nosotros y de nuestro ego y que éste nunca puede ser tan grande como para convertirnos en su esclavo.
Olvídate de tener un ego grande. Conócete a ti mismo, hónrate a ti mismo, ámate a ti mismo. Todos necesitamos de un ego saludable para expresarnos de una manera sana en el mundo. Tienes que ser capaz de hablar y hacerlos retroceder cuando algunos de esos egos disfuncionales se te acerquen para tratar de manipular el dinero de tus bolsillos o intenten tomar el control de tus decisiones.

lunes, 1 de abril de 2019

La Resiliencia


El significado de resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas, sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.
La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.
Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo, ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.
El primer autor que empleó este término fue John Bowlby, el creador de la teoría del apego, pero fue Boris Cyrulnik, psiquiatra, neurólogo, psicoanalista y etólogo, el que dio a conocer el concepto de resiliencia en el campo de la psicología en su bestseller “Los patitos feos”.

Las personas que practican la resiliencia:

  1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
  2. Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.
  3. Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
  4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas con un alto nivel de resiliencia son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto.
  5. Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
  6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.
  7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  8. No intentan controlar las situaciones, sino sus emociones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas con capacidad de resiliencia saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control. Se centran en cambiar sus emociones, cuando no pueden cambiar la realidad.
  9. Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.
  10. Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que los resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
  11. Afrontan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.
  12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.
Por Rosario Linares

Psicóloga. 

Sugerencias y recomendaciones ante la falla eléctrica en Venezuela.


Primer vídeo oficial en mi canal de Youtube.








Ante cualquier eventualidad o catastrofe este morral debes tenerlo preparado siempre en tu casa y/o vehículo.